El ser humano vive en la constante búsqueda de la perfección. Queremos cada día ser y estar mejor, aumentar nuestra calidad de vida y estar jóvenes en todos los aspectos posibles. Sobre este particular, hay un área específica que en la última década ha desarrollado un trabajo de investigación  plausible: la medicina antienvejecimiento.

No queremos que nuestro cuerpo nos delate con la edad, deseamos sentirnos y vernos bien, tener la vitalidad de hacer nuestras tareas cotidianas con la fuerza y agilidad, tanto mental como física, igual que cuando éramos jóvenes, trabajar, compartir con los amigos… estar en familia sin sentir el desgaste propio de los años.

Para lograr esto, hay que tener en cuenta tres puntos sumamente importantes. Uno: es fundamental el consumo de agua, mantenerse hidratado. Dos: Lo crucial que es para nuestro cuerpo llevar una alimentación sana y adecuada a las necesidades personales. Tres: Es esencial cuidar la salud emocional.

La combinación de estas tres premisas permitirá que ese proceso natural de envejecimiento se pueda retrasar, como resultado nos ayudará a estar en un estado óptimo lo cual no será por arte de magia, ni será un sueño inalcanzable. Esto es realmente posible.

Consumir la cantidad de agua adecuada todos los días es elemental, ayuda a desintoxicar el cuerpo y mantenerlo hidratado. La deshidratación hace que nuestro metabolismo sea más lento, situación que nos compromete ya que el estar hidratados correctamente apoya a nuestro cuerpo a bajar de peso naturalmente.

Adicionalmente, nuestro cuerpo necesita mantener un correcto equilibrio entre el sodio y el potasio para poder funcionar correctamente, sin agua potable, esto no sería posible. El agua es utilizada en todos los procesos que hace el organismo, si hay deshidratación estarás bajo en energía. Por ello, cuando te sientas débil es recomendable beber un vaso de agua.

Aunado a lo anterior, una buena nutrición es la base para retrasar el envejecimiento y conservar la salud. No sólo comer un par de frutas al día, sino, aprender la diferencia entre las grasas buenas y las malas, prestar más atención a la variedad y conocer la combinación adecuada de los alimentos; son la clave.

Por otro lado, se debe encontrar una pasión, un propósito y disfrutarlo. Para mantener el cerebro joven, nada mejor que desafiar sus facultades. El aprender cosas nuevas estimula, al igual que resolver crucigramas desafiantes o unirse a un círculo de lectura, reunirse con los amigos, mantener una actitud positiva y activarse físicamente nos dará equilibrio emocional.

Vivir con conciencia de que somos seres cambiantes que podemos mejorar cada día y disfrutar la vida es la mejor manera de mantener nuestro cuerpo y mente activos, sanos y jóvenes.